La misa de acción de gracias por la Beatificación de Madre María de la Purísima volvió a poner de manifiesto que una cosa es la oficialidad y otra el pueblo soberano. Mientras los fieles abarrotaban el templo metropolitano las autoridades municipales, siguiendo la tónica del día grande, el de la Beatificación, en el que dejaron sola a la delegada de Fiestas Mayores, Rosamar Prieto, hicieron mutis por el foro. Luego, en el Ayuntamiento, hubo abucheos al alcalde cuando pasó la procesión de la nueva beata.
En la Catedral ayer no cabía un alfiler y eso que había 2.500 asientos y se quitaron las sillas en algunas zonas donde había pantallas para que entraran más personas. Incluso las puertas del templo se abrieron una hora antes de lo habitual para que la gente buscase su acomodo y el trajín en los alrededores era muy grande. Las Hermanas de la Cruz ocupaban todas las sillas delante del altar del Jubileo, y tras ellas estaban las niñas internas de sus conventos. En primera fila junto a las religiosas estaba la niña del milagro, Ana María Rodríguez Casado, junto a sus padres Joaquín Rodríguez y Paloma Casado y otros familiares. A la derecha se sentaban los hermanos de la Amargura y tras ellos la cuñada, Mercedes Ojembarrena, y los sobrinos de Madre María de la Purísima. Tanto Olga Salvat y su marido como sus hermanos Iñigo y Guillermo, con sus respectivas esposas y sus hijos han estado presente en todos los actos celebrados con motivo de la Beatificación. Guillermo Salvat, que se emockionó y lloró en la Beatificación, no quiso que su hija Almudena, muy pequeña, se perdiera detalle «porque tendríamos que tener mil vidas para vivir unos momentos como éstos».
Presidía el altar del Jubileo el paso con la imagen de Madre María Purísima, y la imagen de la Virgen de la Sede vicaria. Numerosos sacerdotes, canónigos y siete obispos concelebraron la eucaristía que presidió el arzobispo de Sevilla, monseñor Juan José Asenjo. Eran el el obispo emérito de Badajoz, Antonio Montero; el obispo emérito de Huelva, Ignacio Noguer; el arzobispo castrense Juan del Río: el obispo de Jerez, José Mazuelos; el obispo de Almería, Adolfo González, el obispo auxiliar de Caracas, monseñor Fernando Castro, muy amigo de un hermano de Madre Purísima; y el obispo de la diócesis argentina de Añatuya, monseñor Adolfo Armando Uriona, muy ligado a las Hermanas de la Cruz que tienen allí conventos.
Monseñor Asenjo inició su homilía dando gracias a Dios por Madre Purísima que fue pobre entre los pobres y humilde corazón. Contó algunos detalles de su vida y señaló que «fue modelo de vida para sus hijas y plasmación del carisma de Santa Ángela». La calificó de defensora de las reglas del Instituto cuando se le pedía una mitigación de ellas para adaptarse al Concilio Vaticano II. Señaló el arzobispo que Madre Purísima no renunció al deseo de su santidad, no se conformó con la mediocridad y «creyó en el amor más que en sus propias fuerzas, confió en el Espíritu Santo, amor a la Iglesia y a los pobres». Destacó su perfil espiritual sobre estos pilares; ardiente amor a Jesús, amor a la Cruz y amor a los hermanos: «Vivió heroicamente el amor fraterno con sus hermanas, con los pobres, enfermos ancianos y niñas».
Como balance de la Beatificación y a preguntas de los periodistas monseñor Asenjo dijo que estos dos días y sus preparativos habían sido un «acontecimiento de gracia para la Iglesia de Sevilla». Resaltó que la Iglesia pone en el candelero la figura de la nueva beata en la que el amor a Dios y los pobres fueron la razón superior de su existencia. Sobre la canonización señaló que hacen falta dos milagros por lo que invitó a los sevillanos a que se encomienden a Madre Purísima para que ella interceda y pida a Dios los milagros necesarios.
Por otra parte, el comentario más oído ayer sobre la Beatificación era lo bien lo bien que había salido todo y el lamento de que hubiese habido tantos sitios vacíos que pese a la gran afluencia, 45.000 personas. y de que todas las entradas se habían repartido. El caso de los asientos llamados «vips» del césped fue sangrante porque se demandaron más sillas y luego no se cubrieron. Hay quien achaca la falta de asistencia a que las entradas eran gratis y primero se acapararon con alegría y luego no se devolvieron con tiempo sino a última hora.
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