
En San Andrés, sobre el frío mármol que cubre de blanco el interior de este singular templo, se encontraba en la tarde de ayer un misterio huérfano. Todo aquel que lo contemplara días atrás, veía que algo faltaba, que no estaba completo. La mirada de la Virgen de las Penas o de Santa Marta no tenían un fin, y la de sus hermanos tampoco.








