
El lunes la calle Pureza volvió a vestirse de «Madrugá» del Viernes Santo. Estaba a la altura del Altozano cuando noté que algo fuera de lo habitual ocurría. Triana se ha echado a la calle y de qué manera. No es una tarde de lunes cualquiera, el ambiente es distinto. Los rostros de los trianeros no son los mismos, algo debe de suceder que ha provocado cierto brillo en sus miradas. El goteo constante de personas indicaba el camino, pero aún no sabía mi destino.
Me dejé guiar por el gentío. Caminé por la calle Pureza hasta llegar a la esquina de ésta con Vázquez de Leca. El numeroso público iba agolpándose en los laterales de las calles aledañas a la «Catedral» de Triana y conforme más me iba acercando a mi desconocido destino, más y más personas. Por cabezonería, seguí sorteando al numeroso público con algún que otro apuro. Cada vez había menos espacio ¿Qué pasará? ¿Qué hay dentro del templo que todo el mundo espera con impaciencia?
No pude avanzar más. Me quedé a la altura de una de las puertas laterales de la iglesia de Santa Ana y allí, sin posibilidad de continuar un poco más, sólo me quedaba esperar impaciente. No dejaba de mirar a todos los que estaban junto a mí para intentar comprender que es lo que ocurría ¿Música de palio? Por la plazuela estaban sonando marchas de palio ¡Quién viene por ahí que Triana se está impacientando!, pensé.
Ciriales, incensarios, devotos, fieles…Y por fin, supe el motivo y el por qué de tanta expectación. Los trianeros fueron buenos conmigo, supieron guiarme hacia Ella. Su carácter afable y generoso hizo que compartiera junto a ellos, a los pies de su “Catedral”, lo que significa sentir de cerca a su Capitana de la calle Pureza, guía de todos los trianeros, Esperanza de Triana.
escrito por tacita de plata , abril 06, 2011
escrito por Marco Antonio , abril 06, 2011
Duodécimo día de marzo, atardecer.
Capilla de Monte- Sión, Sevilla.
!Silencio, por Dios, silencio!
Calle Feria, devota y sobrecogida
permanece enmudecida
ante tan trascendental momento;
Sobre jóvenes hombros portadores
de la Hermandad de Monte-Sión,
el Stmo. Cristo de la Salud sale a la calle,
para hacer su Vía Crucis y repartir bendición.
Sevilla, amante y piadosa
acompaña al Cristo de Sanación
por su Vía Dolorosa,
desde Feria hasta San Gil
en cuaresmal procesión.
No hay banda de música, ni saetas,
ni tambores, ni trompetas,
los únicos acordes que suenan
no son de alegría, son de pena;
son un llanto de pasión.
Ante el sufrimiento del Señor
en el aire flota amor,
plegaria, recogimiento;
hay una pena tan honda
que nubla el conocimiento.
Sevilla, que canta y ríe como nadie,
también reza y llora como nadie,
cuando acompaña al Cristo de la Salud
camino de su calvario.
Dios Padre, complacido por el amor
de sus hijos/as de Monte-Sión,
por sus 450 años de consagración,
por la forma como viven la Pasión,
les premia con amorosa bendición.
El Buen Dios, conmovido,
ante tanta devoción
les otorga el galardón
de que al Cristo de la Salud,
al final del Vía Crucéis,
al término de su camino,
no le espere la agonía,
en el Gólgota asesino,
sino la Gloria en el paraíso
de la iglesia de San Gil,
donde los Hermanos de Monte Sión,
presididos por su Hermano Mayor
D. Rafael Buzón,
en macareno acto de amor,
junto con una piadosa oración,
le ofrecen su mas valioso tesoro;
le entregan el corazón.
Marco Antonio del Cid Santaella
24 marzo de 2011.- Torremolinos
escrito por Marco Antonio , abril 17, 2011
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